¡Sólo con la verdad!
Redacción
| Opinión - sábado 20 de junio, 2020 - 11:59 am

Una aflicción bancaria

Las pesadillas no lo dejaron dormir, las naves de extraterrestres le están haciendo perder la cordura. Sin embargo, se levanta. Hoy se ha ajustado un poco más la mascarilla y le ha marcado el rostro, pero no importa, tiene que ir a trabajar, con el mismo temor y sin ninguna garantía para no contagiarse.

Se ha vuelto normal exponerse ante tanta gente infectada a su alrededor. Ya son 7660 muertes en Perú. Es una cifra que preocupa a todos.  Los bancos han tenido personas infectadas pero aun así pocos han sido los establecimientos que cerraron las puertas de atención. Por eso, él cree que se ha vuelto asintomático o que puede contraerlo en cualquier momento, pero debe seguir, es parte de la vida, morir por un par de billetes para llevar el pan a la mesa.

Carlos se esfuerza cada día por seguir en las ventas, su entusiasmo ha bajado, pero sus ganas de aprender no. Sabe que debe hacer las llamadas diarias para que le paguen más cada mes. Es un alivio recibir doscientos soles adicionales cuando las cosas no andan bien.

“Vamos a seguir hacia adelante”, su lema es “nunca rendirse”. Llega a su asiento y se pone el protector, una molestia más o tal vez una menos, ya no sabe si quejarse o reír. Los lentes se le nublan afectando su visión. ”No puedo andar quejándome de todo, hay otras personas que la están pasando muy mal, así que está bien, al menos tengo trabajo”, se repite mentalmente.

En pleno siglo XXI todavía hay personas que no saben que el celular es una fuente de información y que se puede realizar operaciones  sin salir de casa, sin embargo,  prefieren exponer su vida y su salud acudiendo al banco. Parece que pocos son los que tienen miedo a la muerte, las calles arrebatadas hacen pensar eso. ¿Qué tan difícil puede ser quedarse en casa?

El aire acondicionado le ha dado escalofríos y ahora piensa que no es normal. Hace unos meses tal vez lo era, pero ahora no. Tiene una incomodidad en la garganta y  espera con ansias  la hora del almuerzo para prepararse un concentrado de limón con sal. Cuando llega a casa, absorbe el contenido del vaso hasta la última gota. Su rostro refleja miedo “No puedo morir ahora, ni siquiera podrían velar mi cuerpo, llevarme flores, ni escuchar la música de fondo desde el costado del ataúd”, piensa.

Los billetes, será posible que los guantes cubran en su totalidad los gérmenes ¿Y si corren por entre las rendijas? Nada es garantía, las cifras van en aumento y solo en los bancos se detectaron más de 300 casos de contagio por contacto con  dinero.

Carlos ha vuelto a casa y no puede abrazar a su esposa, con el corazón afligido pasa de frente, su hijo ya se acostumbró a no saludarlo. La primera vez que corrió hacia él, lo detuvo y le pidió que se alejara. El niño pensó que ya no lo quería. “Así será de ahora en adelante y es porque te quiero”, le susurró entre lágrimas.

Sin embargo, las personas parecen haberse acostumbrado, incluso él. Ya nada volverá a ser lo mismo. Volverá a amanecer y tendrá que ir al banco, al lugar donde trabaja. Contará billetes y pensará en la muerte, pero seguirá ahí, en el banco de los afligidos.

 

Por: Carol Fernández

Fotografía: AS


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